Como siempre en el tema de los sentimientos hay dos partes que no
se ponen de acuerdo, como el ángel y el demonio
del corazón. Una parte mucho más optimista y soñadora te dice una
cosa, mientas que la otra te recuerda que está cansada de luchar y que sufrir
otra vez no merece la pena.
Ese lado positivo
me dice que tal vez sea hora de volver a lo de antes, a lo que una vez eran ,mis principios y ser como el resto de las chichas. Querer y no tener miedo a
hacerlo. Buscar un amor sincero, limpio, puro y verdadero que solo tiene como fin
ser querido y amar a otra persona. Amar de verdad, dejando a un lado tu
dolor, tus miedos...
Por el otro lado
esta ella, por la que me vengo rigiendo desde hace años: la razón. Aquella que
me recuerda día a día que tal vez no se esté tan mal así y que no hay que
hacerle siempre caso al maldito y loco corazón que, como ya sé, solo trae
problemas y disgustos. Aquella que me dice que viva como quiera pero que hulla
en dirección contraria a donde está el amor. Recordándome, una y otra vez que
las cosas que valen la pena salen solas, son espontaneas y que no hay que
luchar ni esperar a que aparezca ese príncipe azul o que aquel chico por el que te mueres venga a rescatarte.
Y así, una vez más, me encuentro envuelta en este dilema moral. Sin saber que hacer en realidad y pensando que dejarme llevar es siempre la mejor solución.

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